Hace ya bastante que no publico aquí nada propio, nada que haya salido de mis entendederas, y debo reconocer que para eso ya está “De todo un poco”, pero hoy sí quiero traer aquí una cierta reflexión en defensa de una cosa dentro del mundo blog a la que se le está empezando a vaticinar el final en beneficio de otro tipo de manifestaciones.

Me refiero al blog personal. Quizás sea una distinción estéril, puesto que salvo los colectivos, los demás weblogs son sin duda personales en algún sentido, incluso si se escribe para o desde una empresa. Sin embargo, sí que creo en la existencia de un tipo de blog más personal que el resto de blogs, el blog o bitácora donde una persona, privada o públicamente, en mayor o menor medida, desnuda su vida a través de las palabras mostradas en una pantalla.

Se dice que ese tipo de exhibicionismo está migrando a los fotologs juveniles, o en todo caso desapareciendo, porque ya no se crean blogs al mismo ritmo que hace unos dos años y porque se abandonan blogs a una tasa nunca vista antes. También se dice que el blog personal busca sobrevivir en tanto que ente autónomo hibridándose, mezclándose y uniéndose a otros blogs, en entidades colectivas como anillos, tanques de ideas, comunidades en definitiva más capaces de hacerse oír en el continuo rumor de la blogosfera. Se dice ahora, en fin, que la persona con blog no busca ya simplemente comunicar, sino que lo que quiere es influir.

Se trata, como si antes no fuese así, de cambiar el mundo a unos parámetros más entendibles o manejables por el pobre individuo detrás de su blog personal.

Y uno puede pensar que sí, que eso es cierto, que no hay más que ver la de ideas nuevas que se está propagando por internet y la blogosfera y llegando al “mundo real”, con denominaciones que siempre incluyen el famoso numerajo, “2.0”. Habrá millones de blogs perfectamente personales agregándose y desagregándose en aquellas comunidades que más afines encuentren sus creadores, pero estamos dejando algo de lado en ese análisis.

¿Hay algo que demuestre mayor apertura que escribir sobre lo que sientes, sobre lo que te ha pasado, sobre lo que piensas, incluso a veces arriesgando el ridículo al ponerlo todo en endecasílabos? ¿Hay algo más “2.0” que hacerlo delante de todos los que te conocen, ya que no todo el mundo se esconde bajo pseudónimos? O mejor: ¿se puede hablar de algo más libre que una persona que con “nick” o sin él desnude su alma ante la potencial internet entera?

Sin duda hay millones de blogs hablando de innovación en las administraciones y en la empresa, de software libre, de empresa abierta, de política 2.0, de educación en nuevas tecnologías y de cualquier tema “cool” que podamos imaginar. Pero hay decenas de millones de blogs de personas que sólo cuentan con su tesón, su imaginación, su tiempo y sus ganas de darse a los demás en forma de bytes porque si. Esas personas son la verdadera blogosfera, las que no aparecerán en ningún “top” o “ranking” porque a lo mejor aún no se han enterado de lo que es un enlace pero que quizás sepan antes que muchos de nosotros lo que realmente es un blog por llevar un diario desde la infancia.

Sus pequeñas parcelas de realidad cedida son el humus rico, esencial e imprescindible de donde salen las raíces, a veces parece que olvidadas, de los grandes árboles de la blogosfera, culmens de infinitas largas colas, que antes de ahora iniciaron su blog como un blog personal más. De hecho, todos los que consideren moribundo el blog personal como fenómeno son unos fracasados.

¿Por qué? Muy sencillo. Es obvio que todo lo que hacemos lo hacemos con la intención de cambiar algo, de cambiar el mundo en algo. Quien persevera con su blog personal, escribiendo quizás sólo para su propio coleto, o tal vez en la esperanza de que sea leído por la persona que desea que lo lea, o sin más esperanza de ser objeto de lectura de nadie que la que alberga el proverbial náufrago que arroja su botella con mensaje al agua, todas esas personas están cambiando el mundo, y lo saben o lo intuyen. Pero quien busca el cobijo de la colectividad, quien piensa que sólo junto a muchos otros logrará imbuir a la sociedad de esos “valores 2.0”, ése, o ésa, ha olvidado sus orígenes y sin saberlo está jugando una partida perdida ya. Porque esos valores 2.0 son los que genuinamente posee el escritor o escritora ocasional, quizás sin continuidad, a lo peor sin más lectores que Google, que escribe sus entradas ora en un blog, ora en otro porque el anterior dejó de gustarle.

Esa persona auténticamente libre de las ataduras que nos autoimponemos muchas veces otros blogueros (la publicidad, el diseño, la SEO, los rankings, los comentarios, las estadísticas, los enlaces…), que no tiene ningún impedimento para migrar de identidad en identidad, de blog en blog, de formato en formato, de tema en tema, explicando siempre lo que quiere sin más motivación que el camino difícil de empezar a cambiar el mundo comenzando por sí misma, es la auténtica persona 2.0.

Tengo grandes amigos que escriben acerca de todos esos ámbitos novedosos que citaba más arriba, y junto a ellos me encuentro en muchas ocasiones remando para que sus sueños compartidos se vayan acercando al cumplimiento, y este post no es un ataque, ni mucho menos, a esos intentos. Sólo quería decir que si limitamos nuestro punto de vista a ese tipo de bitácoras, entonces no cabe escribir ninguna apología, sino la elegía del fenómeno blog real.

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