Tarde o temprano tenía que ocurrir, y algún bloguero víctima de este blog me la tenía que devolver, y con creces. Es lo que ocurrió hace unos días, cuando Mario López de Ávila, autor de “Nodos en la red”, y entrevistado en artículo alcanzable vía el enlace de su nombre, me retó duramente con toda una batería (ya saben, de las antiaéreas) de preguntas profundas y traicioneras, más que nada porque no las hacía él, sino un señor de apellido impronunciable y casi inenarrable, en un libro que Mario debe de estar leyendo, y espero que entendiendo para que nos lo explique algún día en su bitácora.

En venganza que en seguida asumireis merecida, le envié las respuestas en un pliego de cuatro folios, y hemos andado negociando unos días a ver cómo lo montábamos. Finalmente hemos decidido publicar “al alimón” las dos partes en que Mario ha dividido la entrevista (honor por iniciativa). La primera está ya, y aquí seguidita teneis la segunda.

No me tengais muy en cuenta las respuestas. Es que yo soy así.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Los individuos egoístas suelen beneficiarse fomentando sus intereses a costa de otros. ¿Cuáles son los ejemplos de explotación que más le molestan? ¿Qué hace ud. al respecto?

Egoísta es quien mira por sí mismo. Sin embargo, pienso que se puede ser egoísta de muchas formas: se puede ser un egoísta muy individualista que aún así respete a los demás (y su egoísmo), o se puede ser un desaprensivo, sin ningún conocimiento ni afecto por la naturaleza humana, y para quien el mal ajeno le añade un placer anímico especial al posible beneficio pecuniario de aprovecharse de los otros. (Reconozco que me reconozco perfectamente en el primer grupo, lo que pasa es que mis intereses los he escogido bonitos para que no me odieis cuando me conozcais -una forma como cualquier otra de egoísmo [risas, por favor]). Ese punto de sadismo malsano e innecesario es el que me repatea las entrañas: las mentiras políticas, los engaños laborales, la externalización de lo malo de los procesos productivos allá donde nada cubre al pobre individuo y éste tiene que rebajarse para poder sobrevivir, el capitalismo desarraigado y desarraigador que pone muy por encima el beneficio económico de unos pocos sobre el sufrimiento vital y físico de muchos, la esclavitud de la mujer ante el hombre, o la de los enfermos de SIDA africanos respecto a las empresas farmacéuticas… ¡Aj!

¿Y qué hago yo? Poca cosa, tengo que ser sincero: protesto, escribo, imploro al futuro, intento comprar comercio justo y genéricos, procuro escribir de forma no sexista (aunque eso choca a menudo con las reglas aún no escritas del castellano políticamente correcto), me apunto a todo lo que tiene buena pinta (http://microvoluntarios.org), intento ser amable y por ahora he conseguido que hoy mismo me escriban que no se me puede odiar. (Pero también tengo dinero en el banco, invierto en bolsa o miro por mis intereses laboralmente,…).

Algunos podrían afirmar que la humanidad en sí misma es un parásito del ecosistema planetario. ¿Qué ejemplos ofrecería para mostrar que la humanidad es “mejor” que los piojos y las garrapatas?

“Parásito de ecosistema planetario” es un sintagma nominal sobrevalorado. Somos parte de multitud de ecosistemas. Tiendo a pensar que “ecosistema planetario” no es un concepto plasmado actualmente sobre la superficie de este planeta en concreto. Y acabo de leer “El quinto día”, y una de las primeras conclusiones que se puede sacar es que adjetivos como “mejor” son fruto de atávicos prejuicios, y que la Naturaleza (en serio) va por libre, independiente y orgullosa, incluso aunque un día tenga que despiojarse de nosotros. (¿En serio se puede pensar que somos mejores que unos bichos capaces de sobrevivir sin cabeza?).

¿Qué valores le gustaría que formasen parte de la cultura del mañana, valores familiares, laborales, actitudes hacia el medio ambiente?

Ya he dicho antes que soy un egoísta. No me interesa lo que no voy a conocer. Pero me interesa a tope lo que pueda hacer aquí y ahora. Y aquí y ahora es esencial un solo valor genérico, que luego se puede traducir según los casos ésos que citas: solidaridad. Porque el amor familiar es solidario; porque el compañerismo es solidario; porque siendo conscientes, consecuentes y solidarios con las generaciones presentes lo seremos también con las futuras y el medio ambiente lo notará.

¿Cuál de estos dos escenarios para el año 2100 le pone más nervioso: (a) los chinos son mayoría de la gente del mundo; (b) nadie habla su idioma ni cree ya en los valores que usted defiende?

Me está dando la impresión de quedar como un monstruo descarnado y atemorizante, y que en el 2100 aterrorizarán a los niños para que acaben de dormirse con un “Duérmete que viene el Mak y te llevará”, pero es que ningún escenario del 2100 puede ponerme nervioso. Vale, bajemos la fecha al 2040, cuando, si Dios no ha querido llevarme antes a su seno, seré un cuasi jubilado: el a) se da ya hoy día; el b) es imposible sin catástrofe localizada y tremenda de por medio, que si se diese, a ver por qué no me iba a pillar a mi en medio. En ese caso la supervivencia personal me importaría más que cualquier otra cosa, y como mis valores han sido siempre muy míos y como espero no perder un pequeño don de facilidad con los idiomas, pues que tampoco me pondría nervioso. Vamos, si soy el hombre tranquilo por excelencia.

¿Cuál de las tres dimensiones que le voy a citar a continuación considera que hace más falta en su entorno social: libertad, igualdad o relaciones personales próximas – digamos, ‘intimidad real’ entre las personas? ¿Por qué se lo parece?

En mi entorno social, y en general creo que en cualquier otro, la respuesta es “depende del individuo”. Estoy en el País Vasco: miles de personas viven amenazadas por E.T.A., así que lo que más necesitan es libertad. Que también sería la mía. Otras tantas miles (bueno, realmente más) de mujeres viven peor que los hombres por el hecho de ser mujeres, así que la igualdad debería ser para ellas como maná. Y tanto el entorno que violenta las libertades y vidas del primer grupo que he citado, como los hombres verdugos o esclavistas del segundo, necesitarían de verdadera intimidad real con todas las personas a las que afectan (también viceversa, que creo en el perdón) para cambiar.

Si la tarea de la educación volviese a convertirse en una responsabilidad comunitaria, ¿qué enseñaría usted a los jóvenes que contribuyese a mejorar la calidad de sus vidas?

Como la palabra “joven” ya no es unívoca (¿lo fue?), haría lo siguiente: historia de las religiones a los más pequeños (o algo similar, llamémoslo “Etnología” si queremos), para que estén más a gusto, al comprenderlo, con el que viene de fuera. Pensamiento femenino a los siguientes, porque intuyo que es bello, y porque es necesario para aquellas “libertad, igualdad o relaciones personales próximas” de la pregunta anterior. Arte y ciencia a los siguientes, porque si se despiertan en ellos todos los ojos posibles de la belleza serán simplemente más felices (y sabios). Economía (doméstica, comunitaria, macro incluso) a los universitarios, fuese cual fuese su carrera, porque la necesitarán hasta para comer. “Administraciones públicas” a los recién licenciados, porque no puede ser que un casi treintañero como yo no tenga idea de trámites con las AA. PP., y no soy el único. “Curso práctico de cocina y cambio de ropas de bebé” a los siguientes y creo que ya últimos jóvenes. Y justo después, “Filosofía”, para mantener la juventud donde más falta hace, en el coco.

 ¿Qué tipo de persona será usted hacia el final de su vida?

Me conformaría con no ser peor que ahora, aunque habíamos quedado que “mejor”, y por extensión lógica su antónimo, “peor”, eran prejuicios atávicos… En cualquier caso, seguro que seré mayor que ahora, y esa verdad es la única respuesta que admite el futuro simple de la pregunta.

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